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A mis héroes: Pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas por Juan Sanchez

Cesar Custodio | Apr 17th

A mis héroes: Pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas—siete razones para estar agradecido

por Juan Sanchez

Todos tenemos héroes; esas personas a las que miramos para encontrar fuerza y coraje, que nos recuerdan que el mal será vencido y el bien reinará al final. Aunque siendo cristianos vemos a Cristo como nuestro héroe que conquistó el mal por medio de su muerte sustituta y su resurrección a nueva vida, el Señor nos permite ver reflejos de Su fortaleza y Su coraje en otros fieles hermanos y hermanas en Cristo.

Los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas son mis héroes, esos hermanos a quienes miro para encontrar fuerza y coraje para perseverar en la fe y en ministerios difíciles. Puede ser que a los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas nunca se les invite a predicar en la conferencia nacional de Coalición por el Evangelio o Juntos por el Evangelio; puede ser que nunca se les pida recomendar el último libro cristiano, o mucho menos escribir uno; puede ser que nunca se destaquen en su reunión denominacional o en el retiro de su red de iglesias nacional. Sin embargo, ellos tienen las mismas responsabilidades que todos los demás pastores. De hecho, podría afirmar que tienen más responsabilidades porque los pastores de iglesias más grandes tienen empleados, pasantes y asistentes que pueden quitarles algo de su carga. Los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, en cambio, con frecuencia no tienen a nadie más. ¿Quién más preparará el sermón, visitará el hospital, aconsejará a los quebrantados, hará visitas evangelísticas, discipulará a los hombres o, incluso, doblará los boletines en ciertas ocasiones?

Me entristece, sin embargo, sentir que con frecuencia los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, mis hermanos pastores, están desanimados en sus ministerios. Así que, permíteme ofrecer siete razones por las que pueden estar agradecidos. Regocíjate y da gracias por…

Tu salvador

¡El Dios Trino te salvó! El Padre planeó tu salvación; el Hijo consiguió tu salvación; y el Espíritu aplicó esa salvación a tu historia (1 Pedro 1:2). Ahora experimentas lo que los profetas del Antiguo Testamento esperaban y los ángeles sólo admiran, la salvación revelada en Jesucristo (1 Pedro 1:10-11). Regocíjate y da gracias por esta gran salvación, y descansa en tu salvador. Sin importar lo que enfrentes, nadie te puede quitar esta gran salvación.

Tu llamado

El hecho de que estés sirviendo en el ministerio pastoral no es un accidente. Dios te apartó, por medio de Su Espíritu Santo, para el ministerio del evangelio, el ministerio en el que sirves ahora. Así que, recuerda que Dios te llamó, y el Espíritu Santo te hizo pastor «para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). ¡Recuerda tu llamado y da gracias!

Tu posición

El plan eterno de Dios es exaltar a Cristo como Rey y Señor sobre todas las cosas, reuniendo todas las cosas y sometiéndolas a Cristo (Efesios 1:7-10, 19-22). El Cristo que ascendió estructuró la iglesia para este plan eterno. Cristo dió a los pastores para equipar a la iglesia con la palabra del evangelio (Efesios 4:11), para que nosotros, la iglesia, al hablarnos esta palabra del evangelio unos a otros en amor, seamos edificados mutuamente hasta llegar a la madurez de Cristo (Efesios 4:12-16). Tu posición, pastor, es predicar la palabra del evangelio con fidelidad. Al hacerlo, estás participando en el plan eterno de Dios. ¡Reconoce que eres un regalo para la iglesia y da gracias!

Tu evangelio

Aunque nunca recibas las invitaciones que recibe el pastor «celebridad», aunque nunca sientas que predicas tan bien como esos pastores de la radio y la Internet, te garantizo que ninguno de ellos tiene un evangelio mejor que el tuyo. Ya sea que pastoreas una iglesia grande o una pequeña, que estés en la ciudad o en el campo, que seas joven o mayor, todos tenemos el mismo evangelio. Así que, descansa en este evangelio. Predica este evangelio con fidelidad. ¡Y da gracias!

Tu ministerio

Tu ministerio en verdad no es tuyo. Es una «dispensación de la gracia de Dios» (Efesios 3:2). Entonces, recuerda que eres solo un mayordomo. Mientras oramos por el fruto, el Señor nos llama a ser fieles. Trabajamos en la viña de Dios, plantando y regando, pero Dios produce el crecimiento (1 Corintios 3:6-9). Así que, no te desanimes, sino sigue trabajando los campos de Dios, predicando el evangelio con fidelidad, confiando en Dios para el fruto. ¡Y sin importar los resultados, da gracias!

Tu sufrimiento

El llamado de seguir a Cristo es un llamado a seguirlo en sus sufrimientos. Pero Dios no desperdicia nuestro sufrimiento. Él lo usa para fortalecer nuestra fe (1 Pedro 1:6-7) y para conformarnos a la imagen de Cristo (Romanos 8:28-30). Por eso, no dejes que el sufrimiento te sorprenda, sino ¡da gracias porque Dios está trabajando en ti para tu bien!

Tu recompensa

Para terminar, recuerda que después del sufrimiento viene nuestra recompensa (1 Pedro 1:8). El sufrimiento que enfrentamos ahora es temporal y ligero, y solo nos está preparando para la gloria eterna y grandiosa que vamos a experimentar cuando seamos glorificados (2 Corintios 4:16-18). Cuando seguimos los pasos de Jesús en el sufrimiento, estamos también siguiendo sus pasos en la resurrección, la vindicación y la gloria (1 Pedro 3:18). Así que, ¡no te desanimes! En cambio, ¡da gracias!

Agradezcan, hermanos, que Dios los salvó, los llamó y los dió como un regalo a Su iglesia. Den gracias porque por medio de su fiel ministerio del evangelio están participando en el plan eterno de Dios para exaltar a Jesús como Rey y Señor sobre todo. Agradezcan que el Dios que los llamó y les dio un ministerio los sostendrá en los días difíciles del mismo hasta traerlos al hogar, a su recompensa. ¡Den gracias! ¡Yo se que yo doy gracias por ustedes cada vez que los recuerdo!