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¡Hoy estuve en la cárcel!

Cesar Custodio | Sep 2nd

30 de agosto del 2018

¡Hoy estuve en la cárcel!

No se asuste nadie, la experiencia fue preciosa. Junto al Secretario de Corrección de Puerto Rico, Sr. Eric Rolón, visitamos el Monstruo Verde, así apodan esta peculiar institución en la ciudad de Ponce. Varios cientos de confinados se reunieron en un amplio auditorio.

No puedo comunicar cuán impresionante fue ver a veintenas de ellos entrar con la Biblia del Pescador en la mano. Algunos las habían personalizado con forros, dibujos y frases motivadoras. Al pasar junto a mí me las enseñaban dando gracias y compartiéndome algunos testimonios impresionantes. Por ejemplo, uno de los jóvenes me dijo: “Esta es mi compañera las veinticuatro horas. Nada hago sin que ella vaya conmigo, siento que Dios me acompaña.” Otro comentó, tomando la Biblia en su mano, “Con la Biblia tengo un consejero permanente.”

Al resto de la población penal que aún no tenía su Biblia del Pescador se la entregamos. El Secretario participó en la entrega reconociendo lo que el Sagrado Libro puede aportar al carácter y vida de cada confinado.

Yo no estaba preparado para tanto amor y tanta gratitud. Creo que me había hecho la idea de que el evento sería algo frío, pero fue cualquier cosa menos frío. Ellos me agradecieron muchas veces por las Biblias, pero créanme, soy yo quien tiene que agradecer.

Durante la actividad en Las Cucharas nació otro evento del cual daremos detalles más adelante. Próximamente, cientos de estos confinados y sus familias podrán participar en un evento en el cual impartiremos un seminario llamado “Hábitos que transforman”. De esa manera aportaremos otro granito de arena a su proceso de rehabilitación para su retorno a la libre comunidad.

Pocas veces me he sentido tan confrontado con la realidad que es vivir tras las rejas. A un joven le pregunté: ¿cuánto llevas aquí?, me dijo: “Nueve años”, pregunté entonces: ¿Cuánto te falta?, dijo: “Cien años”. Luché por contener las lágrimas al considerar que es más joven que mi hija menor.

Nunca más pasaré frente a una cárcel sin, cuando menos, hacer una oración y recordar lo que dice Hebreos 13:3, “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.”

No pude evitar preguntarme: ¿Cuán distinta podría haber sido la vida de estos hombres si en lugar de en la cárcel, se les hubiese entregado la Biblia en la escuela?

Atte. Díaz-Pabón
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