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Jesús, un líder singular

Cesar Custodio | Mar 14th

[La Suprema ejemplificación del liderazgo según Dios]

Miguel Núñez

Algunos han dicho que un buen líder tiene que ser un buen comunicador. Para eso, necesita conocer la condición de su audiencia y saber qué decir para lograr llevarlos hasta donde él quiera que estén. En el Sermón del Monte (Mat. 5-7), Cristo dio la mejor demostración de esto.

Él presentó un estándar tan alto que para muchos luciría inalcanzable. Sin embargo, la respuesta de aquellos que lo oyeron fue muy positiva: «Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas» (Mat. 7:28-29).

Al comunicar, el líder de Dios también necesita brindar ciertas garantías que transmitan confianza a sus seguidores para que puedan permanecer firmes a la hora de la prueba. Cuando Cristo dice: «sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella», estaba brindando la mayor de todas las garantías y comunicando la mejor de todas las esperanzas: la del triunfo contra las huestes espirituales de maldad.

El líder sostenido por Dios sabe enfrentar la soledad y el rechazo aun en medio de la crisis. Cristo fue acusado de bebedor, de glotón y de ser amigo de pecadores (Mat. 11:19); pero eso no le hizo variar Su forma de vivir, ni Sus enseñanzas, ni Su estándar. Fue rechazado, pero no se amedrentó porque contaba con la aprobación del Padre (Mat. 3:17). Eso fue capital en Su vida, porque solo un hombre seguro de lo que es en Cristo está preparado para ser un buen líder espiritual.

El líder aprobado por Dios sabe cómo permanecer firme aun bajo presión. Ante los tres interrogatorios que le practicaron los judíos cuando fue apresado (Anás, Caifás y el Sanedrín) y los tres que le practicaron los gentiles (Pilato, Herodes y de nuevo Pilato), permaneció firme, aun cuando «todos los discípulos le abandonaron y huyeron» (Mat. 26:56). ¿Qué lo sostuvo en medio de esa prueba? El Espíritu de Dios lo fortaleció para no negociar Sus convicciones, y ellas lo sostuvieron. Un líder espiritual no puede ser solo un hombre de opinión. La opinión es algo que tú sostienes; la convicción te sostiene a ti.

El líder ungido por Dios se levanta por encima de sus temores. Los temores no lo paralizan, no lo desvían, no lo distraen. Por eso Cristo pudo decir: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras» (Mat. 26:39). Su temor lo llevó a orar y luego a renunciar a sí mismo, pero nunca a detener Su marcha. Su meta era la cruz y allí terminó.

El líder rendido a Dios es un ejemplo de perseverancia y obediencia. Cristo perseveró hasta el fin, «… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2:8). Ningún otro líder ha tenido el valor, la obediencia y la perseverancia que Él tuvo. Para Cristo, lo más importante no fue Su seguridad ni Su conveniencia, sino la obediencia a la voluntad del Padre. Su obediencia le ganó un nombre que es sobretodo nombre, ante el cual se dobla toda rodilla (Fil. 2:9-11). Ese nombre es Jesús.

El liderazgo de Jesús fue excepcional, sin paralelo. Se destacó principalmente por Su forma de motivar e influenciar a otros, moviéndolos todo el tiempo hacia los propósitos de Dios. La grandeza de Su liderazgo radicó principalmente en la facilidad con la que se «vació de sí mismo» para servirle al Padre y para servirles a aquellos a quienes el Padre estaba llamando.

Su liderazgo puede medirse por el efecto que ha tenido a lo largo de 2000 años de historia en cristianos y no cristianos, entre seguidores y líderes. La medida de Su liderazgo es aún inmensurable e indefinida porque Su misión no ha terminado todavía.

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